Descripción de Lámbrica

La fortificación castreña, o citania, de Lámbrica forma un gran óvalo, más o menos regular, con el eje mayor orientado de norte a sur. Este eje mayor mide 452 metros de longitud (las medidas son siempre aproximadas). El eje menor, de occidente a oriente, mide 253 metros. 

La superficie total del castro es de 9,77 hectáreas, aproximadamente, de las que están escavadas más o menos un 20%. La titularidad de los terrenos es comunal, siendo montes aprovechados tradicionalmente por los veciños de aquellas parroquias, aunque hay que destacar que cerca de un 20% de la superficie intramuros, más o menos dos hectáreas, continúa dividido en innumerables parcelas de titularidad privada. 

En el centro del yacimiento se levanta un recinto amurallado que tiene una superficie de 0,86 hectáreas, que denominamos como recinto central, también con forma oval y con el eje mayor en sentido Norte-Sur. 

Para entrar en el recinto central hay dos puertas, una occidental y otra oriental. Antes de entrar en esta última, viniendo del exterior, tenemos a la derecha, fuera de la muralla, una curiosa base de (posible) monumento con escalinata. 

Las viviendas de la población no estaban en este recinto central, por lo que se le atribuye un uso para actividades de elite o para reuniones comunitarias, de tipo militar, económico (almacén de víveres o mercancías, ferias…) o religioso. Estas funciones suelen ser compatibles y simultáneas.

PASCUAL MADOZ habla en su Diccionario Geográfico Estadístico Histórico, entre 1845 y 1850, de la feria de San Amaro (parroquia de San Martiño de Beariz) como “sin duda, la más concurrida de la provincia de Ourense”. En el campo de la feria de San Amaro convivían la función religiosa (ermita de San Mauro, ya destruida), la función de almacenaje (hórreos y otras construcciones) y la función de intercambio o comercial.

La gran superficie del recinto central de la citania de Lámbrica, la ausencia de viviendas, la presencia de inscripciones (las inscripciones se hacen para que las vea la gente), la cercanía a una vía fluvial navegable (río Miño) y la existencia de vías terrestres que llegan a la citania, hacen pensar en las primeras reuniones urbanas organizadas y de intercambio que se produjeron por estas tierras, hacia la segunda mitad del I milenio antes de Jesucristo, perviviendo en época romana. Así podría explicarse la gran magnitud de esta superficie central del castro, en relación con la superficie dedicada al establecimiento de la población.

Llama la atención que la máxima altitud del castro está en la puerta occidental del recinto central, lo que conlleva que todo este recinto central quede ligeramente inclinado hacia el Este.

Existen paralelismos en otros castros (Chao de Samartín en Asturias, Monte Mozinho en Portugal) en los que al recinto central se le asignó una función sacra, ceremonial, comunal o de elite.

En cuanto al almacenamiento, conocemos que en el cercano castro de O Castelo de Laias se detectó en su recinto superior una secuencia de silos superpuesta que empieza en la I Edad del Hierro. 

En el recinto central de la citania de Lámbrica aparecieron algunas inscripciones singulares. Entre ellas, una clara alusión a la divinidad en una piedra en la que los romanos inscribieron una dedicatoria a uno de sus principales dioses, a Júpiter: IOVI. 


Permanece in situ, soportando bastantes agresiones por parte de los desalmados que raspan en sus letras.

Otros epígrafes en granito de Lámbrica eran exentos y han sido llevados del yacimiento por sus excavadores. Conocemos dos piezas -aunque ignoramos su paradero- con las siguientes inscripciones respectivas:

SADV / VLAD / V
MI / VLE

Una tercera ha sido “interpretada” por la arqueología oficial del siguiente modo:

“NA / BIA // ABI / ONE” (?)

Se trata de un cipo escrito por dos caras, anterior y posterior, que parece contener iniciales o abreviaturas, pero que resulta exagerado confirmar que sea la dedicatoria a ningunha diosa, ni mucho menos a Navia. No es un altar ni una inscripción en una sola cara. Tampoco sabemos el orden de lectura: si por caras (¿cuál de ellas primero?) o por líneas, alrededor del cipo, pareciendo esta última la más probable. En la línea inferior, leyendo primero en una cara y continuando en la opuesta, parece que se puede leer BAINE. Bainis era uno de los nombres que dieron los antiguos al río Miño.


Es posible que el cipo fuese una señal territorial o un marcador de distancias. Recordemos que por el centro de la citania pasa una vía terrestre que une el embarcadero de Barbantes con las minas del Puzo do Lago y con las sierras de O Carballiño, donde está el castro de Mosteiro de Lobás


Los recintos medio y exterior

El recinto medio de la citania de Lámbrica encierra como un anillo al recinto central, delimitado por la muralla del propio recinto central y por otra muralla más exterior. 

En este recinto medio se situaban las viviendas de la población. Su superficie es bastante mayor que la del recinto central y dispone de diversos grupos de cabañas, llamados “barrios” por influencia de la arqueología portuguesa. Se trata de unidades de habitación en las que se encuentran las estancias necesarias para el desarrollo de la vida cotidiana de un pequeño grupo humano, seguramente con vínculos familiares: hogar, almacén, pequeños talleres y estancias diversas, dependiendo de las actividades económicas realizadas y del tamaño del grupo que las habitó.

Por el sector suroccidental o suroeste existe un tercer recinto cerrado por otra muralla más exterior, que llamamos precísamente recinto exterior. Esta tercera muralla solo es visible en una longitud de unos 400 metros, aproximándose a la muralla exterior del recinto central claramente en el sector sur, juntándose las dos y formando una especie de trampa, cerrándose al modo de los foxos de lobo, lo que podría constituir un elemento defensivo, como fondo de saco para acorralar a grupos atacantes procedentes de la puerta occidental.

La anchura de este recinto exterior es de, aproximadamente, 10 metros, pero llega a los 24 delante de la puerta occidental. Hacia el suroeste, en esta muralla más exterior, existe otra puerta más estrecha y menos monumental. Por esta pequeña puerta se sale, aproximadamente, en dirección a la actual aldea de Andrade.

Las salidas monumentales oriental y occidental de Lámbrica tienen continuidad en una vía de comunicación principal terrestre que parte de la ribera del río Miño, en el lugar de A Barca, actual Barbantes-Estación. Esta vía, de la que se conservan algunos tramos enlosados, sube por las laderas del monte Santrocado hasta la aldea de Ourantes y, desde allí, se dirige a la citania de Lámbrica, entrando en ella por la puerta oriental.

La salida occidental de Lámbrica se dirige hacia el noroeste, iniciando una más que posible ruta que llevaría a las minas de O Puzo do Lago, pasando por Cristimil, Figueiroa y Santa Comba do Treboedo. Una prolongación de esta ruta conduciría a las minas de Loureiro y Lobás, entre O Carballiño y O Irixo.


Casas, fuentes y materiales

La actual citania de San Cibrao das Las o Lámbrica -la última reconstrucción, antes de que llegaran los arqueólogos– constituye un castro con posible planificación tardía sobre un yacimiento anterior. Es notable el urbanismo, siendo destacables las calles que comunican los lados mayores del óvalo, donde se sitúan las puertas del castro, con las puertas del recinto central, percibiéndose una planificación radial en el resto de las calles del poblado en el recinto medio. Parten de una calle anular que circunda el recinto central por su parte exterior y  desembocan en otra calle periférica, también anular, que rodea todo el recinto central, por la parte interior de su muralla más exterior. 

La disposición de las viviendas es la antítesis de la disposición hipodámica de las ciudades romanas y de sus campamentos militares. Es posible que las elites tradicionales de Lámbrica tuvieran influencia notable en la reconstrucción de la citania, pues muchas de las obras se corresponden, según los arqueólogos, con dataciones coincidentes con la romanización, entre los siglos II antes de Cristo y I despues de Cristo. Por eso debemos tener precaución cuando hablamos de “castro romanizado”, pues puede llevar a confundir Lámbrica con una ciudad romana. 

La citania de Lámbrica es un castro en un ámbito rural, que muestra más o menos signos de aculturación romana, pero sin las características urbanísticas que por esas fechas se producen en otras ciudades del Imperio. Es decir, que dentro de un contexto cultural romano, siguen utilizándose técnicas constructivas, planificaciones y materiales tradicionales.

Son visibles, todavía hoy, ciertas manifestaciones de urbanismo, como la disposición radial de las calles o los canales de evacuación, trazados para evitar aguas pluviales y residuales en lugares de habitación y talleres y favorecer su circulación monte abajo. 

Todo agrupamiento humano necesita agua para su supervivencia. Sabemos de la existencia en Lámbrica, al menos, de dos fuentes. Una de ellas, la más monumental y conocida, tiene planta absidal y escaleras. Está situada dentro de la muralla en el sector oeste del recinto medio, el recinto en el que habitaba la población de Lámbrica. Presenta una complicada disposición de muros, posiblemente fruto de diversas reconstrucciones, y posee una salida directa de agua hacia el exterior de la muralla para evitar inundaciones. Se tiene catalogado como fuente-aljibe, aunque un observador estival podrá apreciar que se trata de una auténtica fuente, ya que nunca seca, tal y como corroboran los más ancianos de aquellas tierras.

El otro acuífero que se conoce está situado en el sector sur, pero extramuros, muy cerca de la confluencia de las dos murallas occidentais que se juntan en ese lugar (formando el fondo de saco citado máis arriba). 

No está clara la procedencia de sus aguas, pues no posee un naciente fiable y se seca en período estival, por eso es más un aljibe que una fuente. Tiene disposición irregular, escaleras excesivamente rudimentarias y bastante profundidad, con casi tres metros. Además, desde la confluencia de las dos murallas hasta el aljibe hay una considerable altura.

Su utilización como “fuente” por los habitantes intramuros no parece lógica, sin salidas directas o puertas practicadas en la muralla. Es posible que sus aguas procedan de un manantial, todavía por descubrir, en el sector sureste del recinto medio, en el interior de la citania.

Las construcciones o cabañas del recinto medio se agrupan en los llamados núcleos de habitación o barrios. En cada cabaña se identifica un uso específico (hogar, almacén, taller…). Todas las cabañas de cada grupo dan a un lugar común, a modo de patio, por lo que se consideró que albergaban núcleos habitados por un grupo familiar. En las épocas de mayor población, la citania pudo albergar entre 1.800 y 2.200 habitantes dentro de sus murallas.

Entre los materiales recuperados en las excavaciones hay instrumentos de la vida cotidiana, como pesas de telar (pondus), fusayolas (utilizadas en los trabajos textiles) y molinos manuales circulares de granito. También es frecuente la aparición de escorias de mineral de hierro, residuos de fundición en talleres locales. Pero lo más abundante en las excavaciones son los restos de cerámica, con piezas de procedencia tanto local como foránea, lo que indica relaciones de intercambio.

De entre las foráneas, destacar la existencia de grandes recipientes para transporte de productos como el vino o el garum (salsa de pescado), pero también vajillas finas de mesa, como las de cerámica sigillata. Otros hallazgos bastante frecuentes son piezas de adorno personal, cuentas de vidrio, algunas oculadas, alfileres, fíbulas… Destacar, finalmente, la aparición de alguna moneda de época romana. RODRÍGUEZ COLMENERO, en 1977, basándose en CUEVILLAS citaba las siguientes:

– Gran bronce de Augusto

– Denario de la familia Iulia

– Gran bronce de Emérita con la leyenda borrada

– Denario de la República

– Mediano bronce de Cascantum.


Las funciones de “A Cidade

La acumulación de población no permitiría el ejercicio adecuado de actividades agropecuarias, dificultadas también por la altitud y por el tipo de suelo de la citania. Se sabe que la población gallega ya consumía desde el Neolítico ciertos tipos de verduras y cereales, para los que se requieren tierras adecuadas y suficientemente húmedas, especialmente en el caso de las verduras.

La abundancia de molinos de mano que aparecen en los castros, particularmente en Lámbrica, hace pensar en una actividad cotidiana y normalizada de consumo de cereales y, teniendo en cuenta que este tipo de cultivos no son posibles en la citania, es razonable otorgarle a los alrededores de A Cidade la capacidad de abastecimiento de alimentación a los habitantes que vivían intramuros, alimentos que podrían ser obtenidos incluso a modo de tributo. También la ganadería mayor -bóvidos y caballos- necesaria para la supervivencia de la citania estaría establecida fuera de las murallas.

RODRÍGUEZ GRACIA, en un artículo en PDF publicado por el Museo Arqueológico Provincial de Ourense titulado “Semillas. Castro de Trelle”, habla de que en el “desaparecido castro de Laias” se documentó la llegada “a la fase de acumulación de excedentes, superando la de autoconsumo” ya en la Edad del Hierro. Los excedentes serían gestionados por grupos sociales privilegiados, contribuyendo a aumentar la diferenciación social. Continúa diciendo:

“En Laias aparecen fosas y estructuras complejas de almacenamiento (para Triticum aestivum speltaPanicum miliaceum y Vicia faba) datadas en el Hierro II (o en la transición a la ocupación romana). Se trata de silos rectangulares de 1-1,5 m, con fondo de madera o corteza y paredes de vegetales trenzados, recubiertos de arcilla. Estas acumulaciones revelan una importante centralización de recursos, con redistribución en el territorio, con una estructura política, dirigida por una élite. Tiene sus paralelos en los poblados fortificados británicos e irlandeses (ej. en el yacimiento de Danebury). El castro fue destruido al realizar el trazado de la autovía A-52 en la década de los 90 del pasado siglo”.

(V. RODRÍGUEZ GRACIA. Outubro 2018)

Es decir, que ya en la Edad del Hierro se detectan ciertos cultivos que no son posibles en el alto de los montes, sino solamente en las tierras bajas. Y no sólo nos habla de cultivos, sino también de la forma de conservarlos, en almacenes de madera trenzada, que bien podrían ser los antecedentes más antiguos de los actuales hórreos.

Lámbrica, que debió surgir, originariamente, en ese mismo período, tuvo que obtener, necesariamente, los alimentos de las tierras circundantes para la manutención de los habitantes que vivían dentro de las murallas, almacenando seguramente los excedentes en construcciones o silos de los que, por desgracia, todavía no sabemos nada, quizas por estar construidos con materiales perecederos, que puideron ubicarse en el recinto central, donde estarían controlados por las elites del poblado o ciudad.

Dentro de la citania de Lámbrica, las actividades que más restos han dejado, y que documentan las excavaciones, son las de transformación en talleres (telares, herrerías, orfebrería y cerámica, entre otras). 

Su situación en el alto de un montículo, con amplia visibilidad, hace suponer una función de control sobre el territorio, que conllevaría también la función defensiva o militar, a la que podríamos añadir la función religiosa, siempre asociada, de algún modo, a los poderes militar y político.

En los alrededores existen vestigios de antiguos trabajos mineros relacionados con el oro y con el estaño, pero su agotamento obligaría a la búsqueda de filones minerales a mayor distancia. Toman sentido así los restos mineros de la comarca de O Carballiño, muchos de ellos mantenidos en el recuerdo con el topónimo Grova. Es el caso de O Puzo do Lago y de las minas de los montes de A Madanela. Así, la Cidade de Lámbrica necesitaba cada vez más mantener la posición de ciudad fuerte, bien situada en el otero da Chaira y con amplio control territorial, complementado con el punto de vigía en el pequeño castro de O Santrocado, ambos situados justo por donde pasaba la vía de comunicación terrestre que unía los centros mineros de O Carballiño, Maside y O Irixo con la ribera del Miño.

El control territorial sobre las actividades agropecuarias y mineras del entorno, la realización de actividades terciarias de transformación, comercio o intercambio, defensa y, seguramente, de dirección religiosa de la poboación circundante, serían factores en la acumulación de poboación y de excedentes que hicieron posible el crecimiento de la citania de Lámbrica. El comercio o intercambio utilizaría la vía terrestre principal que entra en Lámbrica por la puerta occidental, procedente de O Puzo do Lago y las tierras de O Carballiño, y que sale por la puerta oriental en dirección al embarcadero en el río Miño.

Tras la conquista romana, estas capacidades de control y explotación de los recursos del territorio, particularmente del oro, serán aprovechadas por los nuevos amos (o por los antiguos, cuando se hacen amigos de los invasores), cambiando los dioses y el idioma de los habitantes de estas tierras, pero continuando en las actividades cotidianas con los mismos trabajos de siempre.


Algo del arte en la citania de Lámbrica

En el Boletín de la Real Academia Gallega número 169 (A Coruña, 1 de marzo de 1925, página 13) aparece un dibujo, rotulado como “Figura 19” de FLORENTINO LÓPEZ CUEVILLAS. El artículo en el que se inserta, también de Cuevillas, lleva por título “A citania do monte ‘A Cidade’ en San Ciprián das Las (Concrusión)”

Según manifiesta su autor, el dibujo corresponde a una piedra de anillo, una cornalina oval de 11 por 7 milímetros, que tiene grabada “fondamente a figura d’un cuadrúpedo d’identificación pouco doada no que cicais se poda recoñecer a un cáprido”. La piedra de anillo “semejante“, publicada por L. de Vasconcelos, que cita Cuevillas, es claramente un cáprido y, por tanto, no parece que tenga mucho que ver con la figura del anillo de Lámbrica.

El dibujo de Cuevillas es un cuadrúpedo que camina por un sitio donde hay agua. Sus orejas son largas, aunque también podrían ser cuernos, pero su hocico, también excesivamente largo, parece más propio de un cánido, aunque su pata trasera parece más la de un bóvido. Es posible que se trate de un animal fantástico.

Lo que más se le parece es un Urco (perro del Urco), un animal fantástico que se relaciona con el otro mundo y que habita en orillas de ríos o en el mar. M. ALBERRO en Diccionario Mitológico y Folklórico Céltico (Briga Ed. 2004) nos dice que:

“Antiguamente moraba en los bancos del Río Lérez, frecuentando lugares oscuros, cuevas y páramos desiertos (…).

Esta figura sobrenatural del urco existe también en varias regiones célticas. En Escocia es conocido como Cù Sith, o ‘perro de las hadas’, y ha sido visto en las regiones altas de ese país por numerosos campesinos que se encontraron con él por las noches, apareciéndose en forma de un perro gigantesco del tamaño de un novillo (…).

En la arcaica tradición popular y folklore de Bretaña existe también otro ‘ser’ semejante, el Ki Du, un gran perro negro con características de psicopompo que suele acompañar a los difuntos durante su viaje hacia el Otro Mundo”.

El anillo de Lámbrica podría tratarse de un sello, utilizado en muchos pueblos antiguos para dar autenticidad a documentos, lo que nos estaría desvelando una vida administrativa esperada en un yacimiento del calibre del castro de Lámbrica, con sospechados movimientos de intercambio a través de la ruta fluvial del Miño hacia el Océano Atlántico, relacionados con las explotaciones mineras de los alrededores y con la más que probable importación de la sal. La simbología del Urco, de lo desconocido, “del otro mundo”, también puede hacernos pensar en algún personaje religioso. Pero hay que subrayar que, casi siempre, las actividades económicas, administrativas y religiosas suelen coincidir en ciertos grupos sociais, lo que llamaríamos elite. El anillo debió de pertenecer a algún miembro de esa elite. Se desconoce su paradero.

En Lámbrica son más abundantes y conocidos los hallazgos en piedra. Cabe hablar primero de un fragmento de relieve realizado en granito, posiblemente parte de un friso, que apareció en unas excavaciones en 1982. 

En un radio de 6 quilómetros conocemos diferentes relieves castreños que han sido reutilizados en viviendas y capillas: Anllo (San Amaro), O Formigueiro (Amoeiro), Fontefría (Amoeiro) y San Xiao, también en Amoeiro. En un lugar más alejado, pero todavía dentro de la misma provincia, podemos encontrar motivos iguales a los del castro de Lámbrica en la capilla de Fondo de Vila de Xunqueira de Ambía. Otros diseños idénticos aparecen en diversos lugares del noroeste, muchas veces alejados de Lámbrica, como algún relieve de Briteiros (Portugal).

En escultura exenta destacan dos antropomorfos aparecidos en 2004. A uno de ellos le falta la cabeza, teniendo los brazos cruzados y las palmas de las manos sobre el vientre. Podría tratarse de deidades femeninas relacionadas habitualmente con el culto a la fertilidad, existiendo paralelismos de este tipo de representación en otros castros del noroeste.

El segundo antropomorfo, aparecido en la ladera oriental de Lámbrica, en la parroquia de Ourantes (Punxín), posee factura poco elaborada, tiene la boca entreabierta y los ojos grandes, careciendo de extremidades inferiores. Con la mano izquierda parece tocar el pecho derecho, situando su mano diestra en el bajo vientre o en la zona genital. Desconocemos si existe intencionalidad, pero el tronco de la figura también parece tener forma de cabeza humana, con expresión burlona o de sátiro. Para apoyar esta hipótesis podemos destacar la distinta fisonomía de cada una de las manos de la “diosa”. La izquierda acaba con una mano en forma de bola, que tiene en el pecho, pero la mano derecha acaba de forma que simula la boca del “sátiro”

Esta escultura apareció reutilizada como elemento constructivo, formando parte de un paramento, lo que indica que cuando se construyó el muro ya había perdido su función representativa o religiosa. El dato tiene su importancia, pues puede indicarnos que hubo una reconstrucción de un castro anterior, lo que parece corroborar la perfecta planificación de toda la citania y las repetidas dataciones que manejan los arqueólogos, coincidentes con los siglos penúltimo anterior y segundo posterior al cambio de Era.

También sabemos de la existencia de una cabeza labrada, de quince centímetros, en un bloque de granito de 44 por 50 centímetros, de la que nos informa CALO LOURIDO, que parece haber sido encontrada en las excavaciones de 1982. 

En octubre de 2016 apareció en las excavaciones una nueva cabeza de granito, un bloque alargado con una figura de cabeza humana en uno de sus extremos, una “figura tosca”, según rezaban -sorprendentemente- los titulares de la arqueología oficial publicados en la prensa local.

Parece bastante lógico pensar que su primigenia colocación fuese embutida en una pared, con la cabeza hacia el exterior. Ha sido llevada del yacimiento y… no es fácil encontrar fotografías.

No podemos olvidarnos del hermoso y bien trabajado trisquel descubierto en las excavaciones de X. Lorenzo Fernández en 1948, que formaba parte del suelo enlosado de una construcción “angular” del recinto central, en la zona más alta de la citania. Otra pieza de interés es una “roseta de 6 pétalos circundados por unha moldura lisa”, encontrada por López Cuevillas en 1922.

En la excavación de octubre de 2016 también apareció una pieza de granito que tenía labrado un trisquel de hojas dobles, que podríamos definir como hexasquel. En esa misma campaña se encontró un curioso trisquel pintado en la jamba de una ventana. Tampoco es fácil -léase imposible- obtener imágenes. También sorprende la poca difusión dada a este hallazgo, un motivo céltico pintado aparecido en una construcción, que resolvieron afirmando que era “una casa romana“.

Citar, finalmente, los petroglifos inéditos y las posibles pinturas esquemáticas en peñas muy cercanas a la citania, aunque fuera de sus murallas.


Patrimonio inmaterial

Conocemos en esta citania de Lámbrica, por tradición oral, la presencia de dos trabes (vigas), una de oro y otra de alquitrán, que había debajo del monte. También tenemos referencias populares a la Silla del Rey y a la moura, semejantes a las repetidas en otros castros gallegos.

Cuevillas y Bouza Brey documentaron y publicaron otra famosa leyenda en 1929. El informante era Segundo González de Eiras. Dice así: 

“N-iste castro hai unha moura que sai en figura de unha cobra levando unha fror na boca. Pra desencantala hai que lle tirar cos beizos a fror que leva na boca”.

Otra leyenda, también escuchada en Eiras, hablando del Castro Martiño, un castro inmediato a la actual aldea de Xinzo: 

“Existía unha mina onde había unha serpe tan longa que cheghaba ata a cima da Cidade”.

Pero, para los informantes, la Cidade era el Coto de O San Trocado. Es muy curiosa, y también descriptiva, esta aclaración, pues otorga al castro de O Santrocado la misma categoría que a la Ciudad de Lámbrica. Por eso no parece difícil imaginar que ambos castros formaron parte de la misma entidad política o administrativa, la civitas que controlaba un amplo territorio minero. La mayor altitud de O Santrocado permitiría un mayor control visual del entorno, especialmente por las laderas meridionales. Por esa parte se encuentran el valle del río Miño y las zonas mineras, que no son visibles desde el recinto de la citania de Lámbrica.

Ambos castros -Lámbrica y Santrocado- se complementan, pudiendo concluir que, durante más tiempo del que se cree, tuvieron que tener ocupación de modo simultáneo. No obstante, es posible que hubiese un establecimiento mucho más antiguo en la cumbre del Santrocado, antes de la construcción de la citania de Lámbrica, lugar al que se desplazarían contingentes de población de aquellas tierras en algún momento de la Edad del Hierro.

El castro de O Santrocado matendría, entonces, una cierta función de control y religiosa, de reunión social periódica, que se transmitirá al cristianismo y que llegará hasta nuestros días con la romería del San Torcuato, cada quince de mayo.


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