Alrededor…

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Lámbrica es una citania de la Edad del Hierro, que continuó siendo habitada en época romana, y de la que se estima que llegó a albergar más de dos mil habitantes. Pero Lámbrica no puede estar sola. Alrededor de ella existen vestigios que hablan de la riqueza minera, de los medios de vida de aquellas gentes e incluso de las inquietudes artísticas de aquellas épocas, que parten de tradiciones de la Edad del Bronce y que se diluyen tras la dominación romana. Los modos de vida, las necesidades -defensivas, económicas, religiosas- y el esfuerzo de toda la población del entorno contribuyeron a que allí, en el monte de A Chaira, se chegase a edificar la citania en algún momento de la Edad del Hierro.

Una ciudad tan grande tuvo, necesariamente, que poseer un territorio acorde, con un radio que pudo llegar a varios kilómetros, de donde obtendrían sus habitantes los recursos, ya fuesen mineros, ganaderos o agrícolas, que consumían, transformaban o transmitían. Pueden ser ejemplos la carne, los cereales, el lino, el hierro y el oro. Solo así puede ser explicada la magnitud de esta gran citania, de “A Cidade” que servirá, después de la cristianización, simplemente para el aproveitamento comunal de pastos, piedra, madera y leyendas de dos humildes parroquias gallegas: San Cibrao das Las y San Xoán de Ourantes.     

La citania de Lámbrica no es visible desde el valle del río Miño, quedando oculta por el monte de O Santrocado, de altitud algo mayor. Podría tratarse de una estrategia defensiva, ya que las vías fluviales navegables, como era el Miño, supondrían cierta vulnerabilidad a posibles agresiones externas. Además, su buena visibilidad hacia las tierras de O Carballiño y de Maside podría servir para el control territorial de yacimientos mineros más alejados (Puzo do Lago, Castro Grande de Amarante, montes de A Madanela, castros de Mosteiro y Souteliño…). 

El monte de O Santrocado, que tiene en la cumbre una capilla y un pequeño castro, es la máxima altitud de aquellas tierras (550 m. sobre el nivel del mar). Se trata de un hito geográfico importante -dentro de su humildad- que centraliza y aglutina a su alrededor a una serie de yacimientos, siendo los más importantes la citania de Lámbrica y O Castelo de Laias. Las características orográficas del Santrocado le otorgarían la función de punto de control de un amplo territorio, pues es visible desde varios kilómetros en aquellas comarcas. La visibilidad desde el monte de O Santrocado és posible en 360º, a diferencia de la visibilidad en Lámbrica, imposible hacia el sur, por la presencia del citado monte Santrocado.

Lámbrica y el Santrocado están dentro de una zona aurífera y estannífera, con presencia de otros minerales como el wolframio. La última mina, en las inmediaciones de la aldea de Xinzo, se cerró en los años cincuenta del siglo XX. 

O Castelo de Laias es otro gran yacimiento que se encontraba en la ladera meridional del monte de O Santrocado, muy cerca de la ribera del Miño, actual parroquia de Laias. Ha sido literalmente arrasado por las obras de la autovía A-52. Tenía mayor superficie que Lámbrica y albergaba zonas con silos, almacenes de maderas entrelazadas (cabaceiros?), vestigios de trabajos mineiros y lugares de habitación. La dataciones más antiguas llegan hasta el siglo octavo antes de Jesucristo (VIII a. d. C.).

La importancia del yacimiento de O Castelo ya fue vista por CHAMOSO LAMAS en 1956. Tras una serie de sondeos, encontrando martillos que asoció a la trituración de mineral, y tanques de decantación y canales excavados en las rocas, llegó a la conclusión de que en la zona más alta del yacimiento existía una mina romana de oro.

Eran destacables las dimensiones del poblado de O Castelo, próximas, incluso superiores, a las 10 hectáreas (para hacernos unha idea, algo más que la citania de San Cibrao das Las). En las excavaciones de 1997 -coordinadas por los Servicios de Arqueología de la Consellería de Cultura de la Xunta de Galicia- se detectaron varias fases de ocupación “comenzando por los restos de un poblado más antiguo de final de la Edad del Bronce, la ocupación del poblado durante la I y II Edad del Hierro y, finalmente, un poblamiento residual de época romana”, según YOLANDA ÁLVAREZ y LUIS LÓPEZ, añadiendo que “las fechas absolutas datan la ocupación más antigua en torno al siglo IX-VIII a. C., continuando hasta el siglo I a. C. (…)”.

Entre las curiosidades de este yacimiento minero destaca la existencia de un recinto amurallado, con silos rectangulares con medidas de 1 por 1,5 m. Estos silos tenían el suelo bien protegido con arcilla, entramado vegetal y tablas de madera, el mismo material con el que construyeron sus paredes. Dentro de los silos aparecieron carbonizados restos de granos de cereales y habas. También, en este mismo recinto, existían construccioness circulares con zócalos de mampostería, separadas unas de outras, supuestamente con la misma función de almacenamento.

Siguiendo a los autores citados, conocemos algunos de los materias documentados en O Castelo: abundante material cerámico de cocina o de mesa, producido en el propio poblado, pesas (posiblemente relacionadas con la artesanía textil), molinos de granito, útiles líticos (raspadores discoidales y percutores para el trabajo de las pieles), así como restos de elementos de enmangue y de cestería. Concluyen los autores pensando en un “centro productor, ya que aparecen indicios que hacen pensar en el desarrollo de numerosos trabajos asociados a la ocupación”.

Una calzada unía la puerta oriental de Lámbrica con un embarcadero ubicado en el lugar de A Barca. La calzada desciende por el monte de O Santrocado y pasa muy cerca del poblado minero de O Castelo. Así, Lámbrica estaba discretamente separada del río, pero sin quedar incomunicada. Por la principal vía fluvial del país, el río Miño, que era navegable hasta Camposancos, circularían mercancías del país, posiblemente minerales y pieles, que trocarían por produtos foráneos necesarios para la vida cotidiana, particularmente la sal, imprescindible para la conservación de la carne, abundante en la costa pero inexistente en las tierras del interior.

Además de O Castelo de Laias y del Santrocado, alrededor de Lámbrica aún pueden verse restos de otros pequeños castros, como los de Ourantes, Salamonde, Casar do Mato y o Castro Martiño en Xinzo, lo que nos está hablando de cierta dispersión de la población en la Edad del Hierro (siglos VII a II antes de Jesucristo, aproximadamente).

Son también destacables los restos romanos, la mayoría desconocidos, como la fuente de Lagharellos, una fuente monumental abovedada que estuvo a punto de ser destruida por las obras de una autovía. Al daño, que ha sido grande, hay que añadir el abandono al que está sometida. 

A mediados de la década de los años cincuenta, CHAMOSO LAMAS, despues de hablar de la citania de San Cibrao das Las (Lámbrica), nos dice que en: 

(…) dirección Oeste se alcanza el pueblo y parroquia de Eiras, en el atrio de cuya iglesia descubrimos en 1946 grandes “tégulas” romanas recogidas allí mismo por el sacristán, que desconocía su importancia; y en el huerto y viña de la casa rectoral, contigua a la iglesia, hallamos los trozos cerámicos de vasijas de tipo indígena, ya romanizado, que más bella y original decoración presentan de cuantos conocemos en Galicia.

Poco más adelante, entre los restos profanados de una “mámoa”, recogimos dos hachas de cuarcita pulimentada que se conservan en el Museo Arqueológico de Orense”.

(“Excavaciones Arqueológicas en la citania de San Cibrán das Las…” en N. A. H.  III-IV, 1954-1955, páx. 114).

Por otra parte, sabemos por RODRÍGUEZ COLMENERO que

“Fuentes fidedignas han hecho llegar hasta nosotros la noticia de que el señor cura párroco de Eiras había encontrado ocasionalmente un mosaico en su viña, que se apresuró a recubrir de nuevo, así como abundante cerámica romana (…)”.

(Galicia Meridional Romana. Páx. 155. Universidade de Deusto, 1977). 

En el pazo de Eiras no hace mucho que se guardaba otra joya, el ara o altar romano de Bandua. Presenta uno de los primeros textos en latín de aquellos lugares, pero es de propiedad privada y no visitable. Las autoridades culturales no han dado motivos suficientes para que creamos que se interesan por ella.

En su epígrafe parece contenerse el nombre de la antigua citania, Lámbrica, a pesar de que las opiniones más populares, mal documentadas, se decantan por el falso -casi impronunciable- topónimo *lansbrica

Que contenga el nombre de la Ciudad de Lámbrica no significa que apareciese en la citania, como afirman algunos “autores“.

El origen del ara, posiblemente de los siglos II o III después de Cristo, está en la parroquia de Eiras, probablemente en los montes de A Ermida, donde los antiguos señores del pazo de Eiras tuvieron tierras, un caserío y una capilla.

Allí también sobreviven los restos olvidados de una mámoa (seguramente la misma que citaba CHAMOSO LAMAS) y un interesante panel de petroglifos, inédito hasta 2008, igualmente olvidado por todos y oculto por la vegetación.

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